La última apuesta. Es el año de cierre del gobierno de Michelle Bachelet

Febrero 10, 2017

Los incendios forestales de enero recordaron el eslogan que la propia presidenta Bachelet inventó en 2015: cada día puede ser peor. Cuando la caída del respaldo ciudadano parecía contenerse y la llegada de la vocera Paula Narváez traía algo de aire fresco a La Moneda, la emergencia vivida en el centrosur de Chile volvió a traer duros cuestionamientos al gobierno. Falta de control, tardanza y desprolijidad fue lo que acusaron alcaldes de las zonas afectadas, parlamentarios de la Nueva Mayoría y de la oposición y damnificados, llevando a Bachelet a un escenario histórico de desaprobación: un pobre 18%, según la encuesta Cadem, primera medición después de la emergencia.

Las noticias no son positivas, sobre todo porque se trata del inicio de un año que culmina con elecciones presidenciales y parlamentarias, con una coalición en que los puentes no están del todo repuestos después de un duro 2016, y con una economía con pocos pronósticos de crecimiento.

Navegar el 2017 con este bajo nivel de aprobación no será fácil, concuerdan en la Nueva Mayoría. La apuesta del Ejecutivo para hacer frente a la primera crisis —los incendios— fue mostrar a Bachelet como la vocera más relevante sobre la tragedia, entregando diariamente números y estadísticas. Ella misma llamaba a los ministros en terreno, para pedirles que se encargaran de cada detalle: “Desde que faltaba un tornillo, hasta necesidades más urgentes”, recuerda un asesor de Palacio. “No vamos a bajar los brazos ni un segundo”, dijo el 26 de enero en La Moneda, tras regresar de su segunda visita a la zona, respondiendo a las críticas. El diseño de Palacio fue uno: poner a la mandataria en primera línea, mostrándola como la líder que tenía el control. Sin embargo, para muchos quedó plasmado lo contrario en un hecho: la foto del brindis de Bachelet con el presidente francés Francois Hollandel 22 de enero,en medio de los peores días del incendio. Aún no se sabe si la estrategia de La Moneda logró contener la mala evaluación. Y menos aún, cuán profunda será su huella en 2017, las elecciones de fin de año y las reformas emblemáticas que falta aprobar.

Los días críticos cerraron con la polémica designación de la ex ministra Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, criticada por miembros de la coalición oficialista, pero de lo cual Bachelet no acusó recibo. “Esta decisión tiene que ver con su estilo. Sus decisiones son emocionales, en el orden de la lealtad. Es más importante eso que recomponer el vínculo de confianza con la ciudadanía”, afirma el analista y decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central .

Tras el periodo de vacaciones, marzo llegará para el gobierno con más dudas que certezas en torno a la hoja de ruta para 2017. Y mientras los patios de La Moneda se vacían del frenético movimiento del año con el arribo de febrero, nadie en su interior sabe muy bien qué va a pasar ni cuál será la última apuesta con la que el gobierno intentará salvar su imagen. Así, La Moneda partirá en marzo una implacable búsqueda: el legado. No está claro cuál será, y en donde la Nueva Mayoría —el conglomerado que la propia Bachelet fundó en 2013— más que una ayuda pareciera ser que se transformará en un rival.

BUSCANDO UN LEGADO

Las anteriores catástrofes naturales que afectaron a este gobierno —el terremoto de Iquique de 2014; el aluvión de Copiapó de marzo 2015 y el terremoto de Coquimbo en septiembre del mismo año— fueron pruebas de fuego para la gestión de crisis de Bachelet, tras el recordado 27/F. Pese a las críticas, estas habían sido sorteadas con relativo éxito, pues el gobierno logró cierto control en su manejo. Sin embargo, según comenta el ex subdirector de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda Carlos Correa, lo ocurrido este enero puede ser una “lápida final”. “La Moneda sigue actuando presa de la coyuntura y eso ya no cambió. La gente que trabaja en Palacio actúa bajo el vaivén de lo que pasa en la opinión pública. Al gobierno le pasan cosas, no hace que las cosas pasen. La Moneda trabaja bajo la filosofía de que cada día puede ser peor” explica, agregando que lo único que puede ayudar a subir la aprobación de Bachelet y terminar con mejores números es un hito, lo que en Palacio denominan:“el legado”.

Correa estima que la ley de despenalización del aborto y la gratuidad de la educación superior deben ser los focos en los que el gobierno centre sus esfuerzos en 2017. Todo ello continuando con la línea comunicacional inaugurada por la vocera Narváez de “las buenas noticias”. Mostrar éxitos y no sólo reacciones:
—Nadie se va a querer sacar una foto con Bachelet para estas elecciones, pero sí con la gratuidad y el aborto. Si el gobierno logra aprobar esos proyectos, va a subir en las encuestas y eso debería ocurrir al menos a mitad de año—explica el ex Secom.

Si bien en el gobierno remarcan que el legado no es algo que esté definido, fuentes de Palacio aseguran que para el ministro de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre, es fundamental aprobar la ley de gratuidad en los meses que quedan, debido a su interés en esta como una política pública que perdure en el tiempo. Si están o no de acuerdo los partidos de la Nueva Mayoría, es algo que también se verá en marzo, cuando sus presidentes pretenden sentarse a conversar con el Ejecutivo sobre las prioridades legislativas de este año. Esa será una tarea que, reconocen en la coalición, no será fácil. Apagado el fuego en el sur, viene la reactivación de un foco que en estos tres años no se ha logrado extinguir: la tensa relación entre La Moneda y la Nueva Mayoría.

SEPARADOS SIN FIRMAR EL DIVORCIO

Tras el desastre electoral de las municipales, la coalición oficialista golpeó la mesa, en particular la Democracia Cristiana con el “congelamiento” temporal de las relaciones con el comité político de Palacio. Una serie de reuniones, una de ellas con la propia presidenta, marcaron el compromiso de un nuevo trato en las relaciones. Algo que —esperan los partidos— debe pasar a la práctica en marzo.

Varios en la Nueva Mayoría estiman que ya poco y nada se puede avanzar. De hecho, en uno de los últimos comités políticos de enero, se firmó una tregua y se estableció el compromiso de que en 2017 no se presionará por ajustes ministeriales; salvo que ocurra un hecho que lo amerite sin discusión, como admite un dirigente oficialista. La misma fuente comenta —con tono de evidente resignación— que el actual equipo político “es lo que hay” y ya no se le puede pedir más.

Apenas se retome el comité político de los presidentes de partido y ministros, la primera semana de marzo, la Nueva Mayoría exigirá que se realicen los ajustes. Estos apuntan a definir las prioridades legislativas y las nuevas instancias de coordinación política, como las reuniones de seguimiento de los proyectos de ley, para evitar bochornos como el vivido, por ejemplo, con el reajuste al sector público.

—Hay que fortalecer la agenda del nuevo trato que se acordó con La Moneda el año pasado,y sobre todo retomar el comité de seguimiento de los proyectos, que es clave para la coordinación entre los partidos y La Moneda y así evitar desastres legislativos como ocurrieron tantos el 2016— explica el secretario general del Partido Radical, Osvaldo Correa.

Pero hay algo más importante aún: el oficialismo espera romper esa suerte de muro que hay entre los partidos y la presidenta. Una brecha que ha marcado una distancia sin precedentes entre un jefe de Estado y la coalición política gobernante.

—La relación debiera mantenerse más activa que el 2016, año en que tuvimos una conversación directa con la presidenta sólo en tres ocasiones. En 2017 debería haber una reunión bimensual, porque tiene mucho efecto para sintonizar en prioridades de gestión y legislativas sobre todo en el año de cierre—dice el presidente del PPD, Gonzalo Navarrete.

Desde La Moneda no quieren referirse a la relación con la Nueva Mayoría, ni tampoco a cómo se resolverán las prioridades. Aún no hay claridad. Sin embargo, un ex ministro comenta que el “desorden” existente no se va a resolver con una instancia nueva, ya que las relaciones entre Palacio y los siete partidos oficialistas ya están rotas y sólo sobreviven. Además, explica que este año electoral será muy complejo para establecer urgencias, porque “cada parlamentario llegará con un cerro de prioridades”, sumado a que el mismo gobierno, a raíz de la contingencia, sumó dos más: la Onemi y la nueva institucionalidad forestal. Lo mismo sucede con la nueva ley de migración, en cuyo proyecto trabaja Interior, sacándolo de otras prioridades como la nueva Ley Antiterrorista.

La primera semana de marzo se llevará a cabo la reunión de priorización que aún está pendiente. Y tal como se aprecia, el río estará revuelto. Algunos apuntarán a que el hito o prioridad legislativa debe seguir siendo la gratuidad, pese que no hay consenso interno para sacar adelante la ley; mientras otros, como la DC, apuestan por un gran foco: la reactivación económica.
—Así como la voz de la DC fue escuchada con la aprobación de la agenda cortaanti delincuencia, con la oposición de un sector de izquierda de la NM, es fundamental que la voz de la DC sea escuchada en reactivación económica, que hasta ahora no ha sido prioridad— dice el vicepresidente de la falange, Matías Walker.

EL FACTOR PRESIDENCIAL

Lejos del 78% con que Bachelet cerró su primer gobierno en 2009, hoy gran parte del análisis apunta a que la presidenta, con mucho esfuerzo, superará el 30% de aprobación presidencial. Por ello, otro de los dilemas que se abren es cómo será la relación de un conglomerado más pendiente de seguir en el poder con una 2392 : Política : General : 24-25presidenta que no capitaliza un piso político.

Identificarse o no con el gobierno y legado de Bachelet puede ser una carga para quien asuma la candidatura presidencial oficialista, ya sea el senador Alejandro Guillier u otro/a. De hecho, un dirigente socialista apunta que “el diálogo electoral durante la campaña será defender a un gobierno que aparentemente lo ha hecho mal. Hay que explicarlo porque hay mucho desconocimiento sobre lo que ha hecho el gobierno”, apostando a la tesis de que comunicacionalmente aún se puede hacer algo.

En el plano del análisis, el académico UDP, Mauricio Morales cree que “el candidato tendrá que distanciarse de un gobierno impopular. Generalmente, los gobiernos aumentan su aprobación al final del mandato, pero en este caso las cosas no han sido fáciles”. Y apunta a que el 30% de aprobación de la presidenta sería un éxito.

Un diagnóstico más crudo hace Navarrete, quien tajantemente cree que no llegar a ese techo sería un completo fracaso.
—El gobierno tiene cosas que mostrar después de tres años en que las reformas ya debieran hacer efecto. No debiéramos tener un nivel alto, pero al menos sobre el 30% de adhesión. Menos del 30% significa que el gobierno no fue capaz de sintonizar con las prioridades de las personas y sería un fracaso— dice.
Este 2017 partirá sin mucha claridad. Ni siquiera la continuidad de la marca Nueva Mayoría es segura, es un debate abierto entre varios de sus integrantes. Bajo ese escenario, se abrirá un nuevo campo en las relaciones y las distancias que tomarán los candidatos presidenciales con la figura de Bachelet. Mientras ello ocurra, La Moneda seguirá en búsqueda de un legado, algún hito con el cual se pueda identificar a este gobierno.

Fuente: www.quepasa.cl

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